Este año, el tradicional índice de reputación corporativa que elaboran Ipsos e INC Consultores anotó su primer aumento tras dos ciclos consecutivos de caída. El indicador subió 8 puntos respecto a 2024, aunque aún se mantiene por debajo de los niveles previos al estallido social de 2019.
Este ajuste hacia arriba, aunque modesto, trae consigo aprendizajes relevantes para las organizaciones que hoy observan a sus públicos con mayor sensibilidad y exigencia.
1. La reputación es dinámica… y recuperable
Un aumento en el índice tras años de descenso demuestra que las percepciones pueden mejorar cuando las organizaciones ajustan su forma de comunicar y vincularse con sus públicos. Pero también evidencia que la recuperación no es automática: requiere trabajo sostenido y estratégico, no soluciones instantáneas.
2. Las dimensiones emocionales y financieras lideran el repunte
Las mejoras más destacadas este año se dieron en las dimensiones emocional (cómo siente la ciudadanía a las empresas) y financiera (desempeño económico). Juntas, estas dimensiones muestran que la confianza, más allá de números fríos, sigue siendo un factor central de la percepción.
3. Persisten brechas sociales y ambientales
A pesar de la mejora general, atributos como cuidado del medio ambiente y empatía se mantienen rezagados. Esta asimetría indica que aún hay desafíos en las expectativas sociales respecto a las prácticas responsables y el impacto comunitario de las organizaciones.
4. ¿Qué nos deja esto como gestores estratégicos?
Este repunte nos recuerda que gestionar reputación no es solo reaccionar a una mala racha de indicadores, sino construir un enfoque integral que:
- Escuche activamente a los stakeholders;
- Integre sostenibilidad y cuidado social en las estrategias;
- Comunique con coherencia entre acción y mensaje;
- Anticipe escenarios complejos con proactividad.
Gestionar reputación implica coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, especialmente en dimensiones que hoy muestran rezagos.
En resumen
La leve mejora en el índice de reputación corporativa en 2025 es un buen síntoma, pero no es un punto de llegada. Muestra que la confianza se puede reconstruir, pero también señala las áreas donde aún falta trabajo estratégico y comunicacional profundo.
La gestión reputacional no termina en una encuesta: es una práctica continua que integra decisiones, relaciones y sentido social.
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